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LOS OJOS DEL JARDINERO
Señor, ayúdame:
me dijeron que Siena
fue destruída
no encuentro las señales
del camino
ni el palacio blanco
ni las flores
ni el jardinero
Perdí mi identidad
mis vestiduras
mi piel bronceada
el gozo del agua
en el cuerpo
Hace milenios
que camino sola
mis pies sangran
no encuentro la cascada
para purificar mi alma
ni los ojos del jardinero
que engullían
rosas, en silencio
Necesito esas rosas
que él devolvía
al templo de los dioses
sacrificio entre serpientes
con cascabeles de cristal
Me contaron de Asuán
una nueva ciudad
donde corren los lagos
escucho voces en las piedras
no comprendo el lenguaje
de las piedras
no comprendo el lenguaje
de las aguas
Señor, no sé
qué hacen las piedras
en mi camino
el corte del agua
en mí
La voz del jardinero
perturba mi sueño
(no estoy loca)
las manos del jardinero
me persiguen
no tengo frío, ni fiebre;
las manos del jardinero
me entibian
Encontré los ojos de tigre
del jardinero
en una tierra llamada Brasil,
no sé vivir sin él:
confundido, huye
enciendo la antorcha
de mi pasión:
gime
Su alma está vagando en Asuán
su cuerpo, encantado en luciérnaga
ayúdame, Señor,
para decirle
que una mujer vive
con el corazón
preso, dentro de una
piedra, en Asuán
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Siena, ciudad del antiguo Egipto, a orillas del río Nilo, cerca de la frontera con Nubia.
Importante puesto militar durante las dominaciones persa, macedonia y romana, pasó
a llamarse Asuán después de las invasiones árabes.
Traduccion Jorge Ariel Madrazo
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